La otra noche tenía ganas de escuchar un temita que me recuerda mis primeros días de joven metalero, esos días antes de las descargas de archivios y la internet de alta velocidad; cuando para conseguir más y más canciones de metal tenías que recurrir a los amigos o a las tiendas que traían material totalmente pirateado, pero de todas formas pagabas por el cassette y elegías el que ibas a llevar no por conocer a la banda, sino porque te gustaba la carátula del disco.