miércoles, 10 de octubre de 2012

El Nombre. 1a Parte

Comenzamos una nueva época en Silent Walkers; les seguiremos trayendo reviews de discos, canciones, películas, cortos y todo lo que ya han visto en éste blog, pero, aprovechando el mes de Octubre y la cercanía de Halloween, también les traeremos cuentos de terror-suspenso-thrillers originales. Esperamos les gusten.

Comenzamos con la primera parte de un cuento titulado "El Nombre".
Disfruten.



Jueves:

Para variar llego tarde, no mucho, pero tarde de todas formas. Lo más seguro es que, para variar, le traspase la culpa al Transantiago. Mientras entro al Psiquiátrico, la lluvia pareciera caer con más fuerza sobre la ciudad, a lo lejos suena un trueno. La escenografía es ideal para la entrevista que debo hacer para el diario. Y llego tarde.

Vaya si nos costó conseguir la entrevista, el diario no sólo tuvo que ponerse con dos meses de alimentos para todo el hospital, también pidieron específicamente que la entrevista la hiciese yo. La verdad es que no sé por qué. No soy un rostro, no soy reconocido, no hago entrevistas televisadas mientras almuerzo y mucho menos he destapado los últimos escándalos del Gobierno de turno. Sólo soy uno más, uno del montón y nada más.  Me acerco a la recepción.

-         - Hola, vengo por la entrevista soy…
-     - Ya lo sé –interrumpe la recepcionista sin alzar la mirada- lo están esperando. Por el tercer pasillo, a mano derecha, y ahí en la segunda puerta.
-         - Muchas gracias.
Mientras avanzo por el pasillo veo de todo, sólo falta el loco que se cree Napoleón y entonces el cliché estaría completo. Tercer pasillo, mano derecha. Si bien el Psiquiátrico se ve limpio, también se ve que ha visto días mejores. Nada muy desastroso (a pesar del reciente terremoto, ya que la estructura del edificio resistió mejor que otros más nuevos) pero ése tipo de avejentamiento en donde se nota que le falta cariño. Llego a la puerta designada y toco dos veces.

-         - Permiso. Vengo por la entrevista.
-         - Adelante. Dice una voz con tono muy serio.

Al entrar, la puerta rechina.

-         - Permiso, repito, buenas tardes.
-      - ¡Ah! Señor. Bienvenido, dice el Doctor mientras se acerca y me extiende la mano, bienvenido, tome asiento.
-        -  Muchas gracias.

Tomo asiento, la silla es pequeña, pero cómoda, algo raro para un Hospital Psiquiátrico, pienso. Saco la grabadora.

-         - El paciente está…
-         - El paciente está en camino a la sala de entrevistas, señor. Interrumpe. Antes me gustaría que entendiera por qué está usted aquí.
-         - De acuerdo.
-      - La entrevista, hace una pausa, es algo muy delicado, y su periódico insistió en solicitarla para una edición especial por el 30 aniversario de los sucesos que conmocionaron al país.

-         30 años ya. Cómo ha pasado el tiempo, pienso para mis adentros, yo apenas sí tenía un año de vida.

-         - Supongo que a pesar que haber nacido poco antes de los sucesos, no significa que no sepa de ellos.
-      - Así es, he leído bastante acerca de eso, desde joven leí casi todos los libros que han salido sobre el tema. Cada teoría, cada idea y cada relato los he leído. También los artículos de prensa de la época, especialmente para poder realizar esta entrevista.
-       - Bueno, entonces supongo que sobre los eventos no hay nada que pueda aportar, pero sí le puedo advertir sobre el paciente. El Doctor hace una pausa levemente prolongada, busca inspiración en el cielo raso y, al parecer, la encuentra. El paciente puede parecer normal, su apariencia es algo avejentada, suponemos debido a lo ocurrido, no tiene más de 50 años, pero pareciera que tiene poco más de 70. Su mente está clara como el agua, pero eso no significa que no sea potencialmente peligroso. Puede grabar la entrevista y tendrá libertad absoluta para hablar con el paciente, pero en cada momento habrá dentro de la habitación dos guardias listos para cualquier eventualidad. Dígame, ¿cuánto tiempo cree que necesitará para realizar la entrevista?
-     - No lo sé… -respondo algo nervioso- Todo depende de cómo salga todo, tal vez 30 minutos, tal vez dos horas.
-         - De acuerdo, tiene un máximo de dos horas para realizar la entrevista. Por favor, sígame.

Me levanto del asiento y camino con el Doctor por los pasillos del Hospital. Mientras caminamos, hablamos de trivialidades, el clima y todo eso. Nos acercamos a una puerta, se pueden apreciar rejas desde el otro lado del vidrio de la puerta, está pintada de color blanco y con algunas manchas negras, bajo el vidrio un cartel que dice “Sala de Conferencias”; entramos por la puerta a la sala. No hay gran cosa, una mesa rectangular, dos sillas que se enfrentan y ya están dos de los enfermeros que, supongo, estarán encargados de cuidar a mi entrevistado.

         - Muy bien, espero que todo salga de lo más normal. Estarán vigilados en todo momento. Le deseo lo mejor. Recuerde: Dos horas. Dice el galeno, y se marcha por la misma puerta por la que entramos recién.

Me siento en una de las sillas, solo, y los dos guardias me miran. Pasan un par de minutos y la puerta se abre nuevamente, esta vez se trata de mi entrevistado. A pesar que puede caminar, viene en silla de ruedas, con un suero y calmantes leves inyectados en su brazo derecho por prescripción médica.

Continuará.

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